Opinión Eduardo Bitran Día de la Innovación: «Desarrollando un Ecosistema de Emprendimiento Dinámico»

Columna escrita por Eduardo Bitran, presidente Club de Innovación y académico Universidad Adolfo Ibáñez, en el marco del Día de la Creatividad y de la Innovación 2022.

El año 2021, pudimos ratificar que la economía chilena, más allá de lo efectos de la pandemia, enfrenta una crisis de productividad, que ha implicado que desde mediados de la década pasada, tengamos un pobre desempeño en términos de crecimiento del ingreso per cápita y la capacidad de generar empleos de calidad. En efecto, el estudio del Banco Central sobre la evolución de la Productividad Total de Factores (PTF), que excluye al sector minero, muestra el crecimiento de la PTF ha sido negativa en la última década. La trampa de los países de ingreso medio, se explican en buena parte por la dificultad de mantener el crecimiento económico, con efectos adversos en la calidad del empleo y la cohesión social, lo cual a su vez genera un círculo vicioso ya que las crisis socio políticas afectan la inversión y la innovación, la cual ya es baja en Chile.

El estudio del Banco Central desagrega los componentes de la PTF a nivel de las firmas. La conclusión es que 2/3 de la caída en la PTF se explica por la caída de la productividad de las empresas incumbentes y el tercio restante por reasignación ineficiente de recursos entre empresas. El único componente positivo es la contribución que realiza el aumento de la participación de las más productivas. Sin embargo, este efecto no es suficiente para compensar los aportes negativos del componente intra firma y la reasignación regresiva.

¿Cómo explicar estos resultados? Típicamente la caída de la PTF de los incumbentes se explica por un bajo esfuerzo de Investigación y desarrollo (I+D) en innovación en las empresas establecidas. La reasignación negativa nos señala de una insuficiente presión competitiva en imperfecciones en mercados de factores. El aporte por el aumento de participación de las más productivas es consistente con los estudios que señalan que las empresas gacelas, empresas de rápido crecimiento, que en Chile representan el 4% de las empresas con más de 10 trabajadores, aportan el 85% del componente de crecimiento de la PTF y el 75% del crecimiento de la productividad (Comisión Nacional de Productividad).

Nuestro déficit de innovación se ve reflejado en la evolución del Global Innovation Index (GII), en que Chile cae de la posición 33 el 2007 a la 53 en el GII del 2021. Por primera vez nos clasifican con un desempeño peor que el esperado para nuestro nivel de ingreso per cápita. Los aspectos más débiles fueron la composición de nuestra producción y exportaciones, con bajo nivel de sofisticación tecnológica, el bajo esfuerzo en I+D y déficit de capital humano para la cuarta revolución industrial. Incluso en los sectores de recursos naturales en que Chile tiene la mayor participación a nivel mundial, como la Minería, el personal que trabaja en I+D o innovación por tonelada de producción es 20 veces menor que el líder Australia.

El ámbito en que Chile sobresale y se posiciona en forma destacada a nivel regional es en el desarrollo de un ecosistema de emprendimiento dinámico, capaz de levantar capital de riesgo impensados tan solo hace pocos años. En efecto, el año 2021 Chile alcanzó una posición líder en América Latina en inversión de capital de riesgo per cápita o en relación al PIB, con una inversión cercana a US$ 3000 millones, un orden de magnitud mayor que las cifras históricas, permitiendo la emergencia de los primeros unicornios chilenos y el financiamiento de decenas de startups innovadores. Las transacciones cubren a empresas que están en todas las etapas del ciclo de inversión, desde la fase temprana de pre semilla a inversiones de cientos de millones en empresas que se valorizaron en más de mil millones de dólares, alcanzando el estatus de unicornio. En las etapas más tempranas participan principalmente fondos de capital de riesgo chilenos, la mayoría con cuasi capital de la CORFO. Las fases de crecimiento y expansión regional son financiadas principalmente por fondos internacionales.

Avanzar en el desarrollo de un ecosistema de emprendimiento dinámico, es fundamental para abordar nuestro déficit de innovación empresarial. Permite desafiar a los incumbentes que enfrentan trabas culturales para subirse a la nueva ola de innovación centrada en la transformación digital y la sustentabilidad. Pero también, puede aportar a la innovación corporativa.

En efecto, en los últimos cuatro años se empiezan a desarrollar en las corporaciones mecanismos de innovación abierta en que estas se involucran con startups innovadores para desarrollar proyectos conjuntos. Inicialmente este esfuerzo involucraba actividades que tenían un propósito de relaciones públicas, más que ser parte de una estrategia al más alto nivel corporativo para promover la innovación. Sin embargo, recientemente se empiezan a desarrollar iniciativas de «Corporate Venture Capital» propiamente tal, en que fondos de inversión de capital de la corporaciones toman participación en startups innovadores. Al 2019 Chile tenía 17 corporaciones con corporate venture capital, quinto a nivel latinoamericano. Con la aceleración de la transformación digital por la pandemia esta tendencia se fortalece, incluso con corporaciones globales que eligen a Chile como el país para pilotear innovaciones con startups extranjeros. Chile, a través del capital de riesgo de fase temprana y el «Corporate Venture Capital» puede transformarse en un espacio propicio para pilotear innovaciones con la aspiración de crecimiento regional y global.

La emergencia de startups innovadores de alto potencial de crecimiento que permitieron el crecimiento exponencial de la inversión de capital de riesgo en Chile, no ocurre por casualidad. Es consecuencia de las políticas públicas que en los últimos 25 años han impulsado iniciativas para desarrollar un ecosistema de emprendimiento innovador. Los desafíos van desde la creación de mecanismos de financiamiento de iniciativas con riego tecnológico, hasta el cambio de la mentalidad y los incentivos en las universidades, sus estudiantes, reestructuración del currículum e incentivos e instrumentos para promover la innovación y el emprendimiento tanto a nivel de las políticas de la universidad, los académicos y estudiantes.

CORFO lleva 25 años impulsando la industria de capital de riesgo de fases tempranas con el objetivo de facilitar el cruce del llamado «valle de la muerte» de los startups tecnológicos. Sin embargo, en la primera década no se desarrolló una masa crítica de startups innovadores lo que retrasó el desarrollo de una verdadera industria de capital de riesgo. Es así que los fondos se orientaron a empresas establecidas de bajo riesgo tecnológico, más parecido a una industria de “private equity”.

Chile fue pionero en América Latina en el desarrollo de varias de estas iniciativas. La consistencia temporal de estas políticas ha sido uno de los factores de éxito que hoy permiten cosechar sus frutos. En efecto, los estudios de la «Comisión Nacional de Productividad» muestran que son precisamente las empresas innovadoras de rápido crecimiento las que aportan más a la creación de empleo de calidad y a la productividad. El desarrollo del capital de riesgo en Chile, nos deja algunas lecciones. Para que las políticas de innovación tengan impacto significativo se requiere consistencia temporal con un horizonte de largo plazo. También, que no existe una «bala de plata» el éxito requiere el desarrollo de los diferentes componentes del Sistema Nacional de Innovación, la interacción entre estos, y el desarrollo de una cultura de evaluación continua del impacto de las políticas.

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