Columna Adriana Guerrero: ¿Necesitamos más proyectos piloto o innovación con capacidad de escalar?

Por Adriana Guerrero Gajardo, gerenta general Club de Innovación.

Qué tan certero sería afirmar que en Chile hemos aprendido a convocar, pilotear y en cierta medida a visibilizar la innovación. En los últimos años los desafíos abiertos, pruebas de concepto y programas de colaboración entre grandes empresas, startups, universidades y centros tecnológicos se han multiplicado. Es una señal positiva: a diferencia de años anteriores hoy existe conciencia que los desafíos de las empresas no pueden resolverse únicamente desde las capacidades internas. A pesar de lo anterior, es importante plantear y persistir con una pregunta incómoda: ¿cuántas de esas soluciones logran incorporarse realmente a la operación, convertirse en contratos y hasta proyectarse hacia nuevos mercados?; o, dicho de otro modo, ¿son los programas piloto el punto de llegada?

El desafío ya no es solamente generar innovación porque sí, sino traducirla y gestionarla en resultados que impacten a la estrategia del negocio y a la productividad. Sin ir más lejos el Índice Global de Innovación 2025 (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, GII 2025) sitúa a Chile en el puesto 51 entre 139 economías y lo mantiene como líder de América Latina y el Caribe. No obstante, existe una brecha elocuente conocida como la “paradoja de la innovación”, y es que Chile ocupa el puesto 43 en insumos para la innovación, pero desciende al 63 en resultados. Es decir que, a pesar de ser lideres en la región, donde contamos con capital humano, instituciones, infraestructura e iniciativas, aún quedamos con tarea pendiente pues todavía no logramos traducir ese valor en productos, servicios, propiedad intelectual y valor económico.

De acuerdo con el Informe Anual de Productividad 2025 de la Comisión Nacional de Evaluación y Productividad, durante el año pasado Chile habría aumentado -excluyendo la industria minera- entre un 0,5% y un 0,6% su capacidad de producir utilizando los mismos recursos (PTF). Pero, esto se interpone al señalar que tenemos un estancamiento sostenido de 15 años. Ahora bien, podemos leerlo como una señal positiva para captar oportunidad y fortalecer la gestión empresarial a través del impacto de la innovación, adopción tecnológica e inversión. Sin embargo, sostener esta prerrogativa, exige gestionar la “innovación corporativa”, esto quiere decir que, al instalar procesos de innovación es relevante conectar con la estrategia, priorizar desafíos, con presupuestos previamente discutidos, plazos, indicadores, una ruta de adopción y por sobre todo sponsors técnicos que ayuden a sostener el proceso.

Desde acá hay claridad que la innovación puede mejorar la productividad al fortalecer las capacidades de colaboradores, optimizar procesos, reducir costos y tiempos. Al mismo tiempo, activa la economía del conocimiento, ya que, es una ventaja competitiva para nuestras principales industrias tractoras abriendo espacio para que cada solución desarrollada para la minería, la energía, la agroindustria o la acuicultura tengan potencial de transformarse en tecnología, servicios especializados y conocimiento exportable. De esta manera, Chile puede agregar mayor valor y diversificación a través de su matriz productiva y competir no solo por costo y sus recursos naturales, sino también incorporar más ciencia, datos, talento y propiedad intelectual desde las capacidades creadas a partir de estos mismos.

Una empresa innovadora es la que aprende, asigna bien sus recursos y convierte soluciones validadas en capacidades permanentes y cobrando relevancia respaldar a su área de innovación como un activo estratégico para llevar las iniciativas desde el piloto hasta su implementación. Si la innovación permanece aislada en un área especializada, difícilmente llegará al corazón del negocio.

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